América Latina es una de las zonas más peligrosas para el ejercicio del periodismo, porque a el lo rodea una serie de prepotencia social, la misma que está investigada, en ciertos casos, del poder económico, que ha confundido la obra del pensamiento, ética, libertad de expresión y la razón de los ideales en la comunicación social, como acción educadora que quiere llegar al hombre, no al ser abstracto, sino al ser concreto insertado en una realidad histórica.
El desarrollo del derecho internacional de la comunicación ha sido más lento que los desarrollos tecnológicos que muchas veces se plantean como necesarios, pero es más importante la necesidad de propiciar consensos éticos sobre la utilización de la forma como se ejerce el derecho del hombre a comunicarse…..para que sirva de base a una legislación nueva, guardiana de las libertades, como se lo planteó en la Conferencia de los Países No Alineados en Nueva Delhi, que tuvo que desembocar en el Informe de la UNESCO, más conocido como el informe Mac Bridley, así como muchos episodios que los centros políticos han llamado la venta de conciencia profesional a sus mismos protagonistas en el desfile político del mundo.
La presión que hacen los gobiernos a los distintos medios de comunicación social en Latinoamérica, obedece a un grado del corrupto sistema socio-político, porque cuando el periodista hace uso de su ética profesional, para producir en una sociedad, educarla y orientarla, la fuerza de la ignorancia pretende prevalecer a título del engreído soborno o chantaje, que deja a aquellos en completo abandono y desequilibrio, pero cuidando siempre que la confrontación en toda la dimensión no se transforme en reivindicativa, que termine por ocultar la esencia misma de la moral que la caracteriza.
La objetividad periodística, como polémica, debería archivarse, porque ha producido mucho desgaste innecesario. El péndulo de la teoría ha oscilado de la objetividad al subjetivismo, porque de un buen lado se afirma que un buen periodismo es aquel que es objetivo, y que debe distinguirse del comentario limitándose a los hechos, como decía un periodista norteamericano de la Associated Press en Washington. “ Mi trabajo es comunicar hechos. Las instrucciones que me dan no me permiten hacer comentarios alguno sobre los hechos que comunico, etc”. Y dentro de esos considerandos, en muchos países, principalmente de Latinoamérica, se descubren actos y hechos repudiables que van en dete-rioro de una generación, porque las sombras desaparecen con la luz del día, aunque estas sombras refresquen el ambiente pero no purifican el aire, que es lo que básicamente debe una sociedad tener para oxigenarse.
Pero de esa misión tan delicada y peligrosa, el periodista debe tener protección del Estado, porque es ahí precisamente en donde los gobiernos elevan sus anclas al mar, para pescar con red de intereses personificados, y así ponerle le censura o presión a la prensa; porque los periodistas quisiéramos ser siempre testigos de los acontecimientos que narramos a menudo, sin embargo, no lo somos. La naturaleza de un trabajo periodístico permite generalmente observar las consecuencias de los hechos, pero no el suceso en si: por eso hay que considerar que quien pretenda arrebatar la libertad de expresión en la abundancia de la información, está perdido.
Aunque el desafío es ser creativo ateniéndose a la verdad periodística, la norma debe mantenerse en ambos lados, para defender con la verdad los grandes intereses de las naciones, aunque sigamos dando la vida por decir la verdad, porque así es la única forma de destacar una característica del perfil ideal del periodista que es su condición de hombre veraz porque es su obligación y su necesidad interior, su vocación personal, su expresión vital y su misma imagen de fidelidad profesional.
Entonces, una biografía de secuencias en el pleno ejercicio del periodismo, merece la explicación sensata, para entender que una prensa libre no obedece a consignas o intereses personificados; al contrario, está al servicio de las grandes manifestaciones civilizadas, para orientarla, educarla y darle un justo ho-menaje al desarrollo por la igualdad en el género humano que lo comparte con todo lo que lo rodea y lo multiplica con sabiduría colectiva.