La búsqueda de una forma de pagar la Universidad se ha convertido en el proverbial “elefante en la sala” para muchos padres. Como es una cuestión que deberán analizar en algún momento, prefieren ignorar o posponer por miedo de lo que van a encontrar.
Los estimados más recientes de The Co-llege Board tampoco contribuyen a eliminar esas noches de insomnio. En el año académico correspondiente al 2006/07, el costo de matrícula en instituciones públicas y privadas aumentó en un promedio del 6 por ciento (más o menos algunos puntos decimales). Además, citando los promedios nacionales de incremento del costo de matrícula por espacio de 10 años, The College Board pronostica que los aumentos seguirán a ritmo estable. Eso quiere decir que dentro de 18 años, el costo de la educación universitaria ascenderá, en el mejor de los casos, al triple de las cifras actuales.
Como estamos ante una realidad aterradora para la mayoría de los padres, no solo es aconsejable comenzar a ahorrar para la educación universitaria de los hijos desde que los mismos nacen, sino también buscar formas apartes del ahorro que podrían servir de ayuda.
• Becas y subvenciones. Las becas y subvenciones son el “Santo Grial” en cuanto a ayuda financiera se refiere, porque no hay que restituir esas cantidades. Sin embargo, depender totalmente de las mismas es riesgoso, ya sea en el caso de una beca atlética o académica. Cada año, menos del 50 por ciento de la ayuda financiera otorgada se materializa en subvenciones o becas, algo que no es inusual, porque aunque los mejores estudiantes o atletas reciben becas parciales, hay muchas posibilidades de que los padres tendrán que aportar algo, o la mayoría, para la matrícula universitaria del hijo.
• Comience un plan de ahorros. Los planes de ahorros para la matrícula universitaria difieren entre sí, pero tienen algo en común: ofrecen flexibilidad a la hora de que el hijo vaya a tomar una decisión. Con dinero en el banco, esa decisión tendrá que ver más con qué universidad elegirán, que con el centro de estudios al cual obligan las finanzas. Cuando inicie un plan de ahorros de este tipo, considere toda contingencia, desde las implicaciones potenciales en materia de impuestos, hasta las cuotas a pagar si el dinero se extrae antes de tiempo, o el control que se debe tener con esos ahorros. Esas variables pueden diferir un poco en dependencia del plan que se elija, por lo que es preciso investigar a fondo.
• Préstamos, préstamos, préstamos… Algunos padres expresan su escepticismo con respecto a pedir préstamos para pagar estudios universitarios, o de poner a sus hijos en una posición que les obligue a pagar una enorme suma una vez que se gradúen. Pero los préstamos para estudios universitarios no son necesariamente tan perjudiciales como muchos piensan. Los plazos de pago se pueden coordinar en formas similares a los de una hipoteca, donde se deberá una suma total al inicio, que luego se paga durante un largo período de tiempo. Los graduados que paguen puntualmente experimentarán beneficios en sus historiales de crédito. Además, los padres no tienen que preocuparse demasiado porque sus hijos tengan la carga del pago de un préstamo. En el año 2004, la Oficina del Censo de los Estados Unidos reportó que los graduados universitarios con edades entre los 25 y los 34 años ganaron aproximadamente un 70 por ciento más que aquellos jóvenes de su misma edad que sólo lograron un diploma de enseñanza secundaria, o un diploma de equivalencia general (G.E.D.). Por tanto, si bien los préstamos pudieran constituir un débito para su hijo, valen la pena a la hora de considerar los beneficios que implicará un título universitario. (CL).